
Creer que la poesía salva de la muerte,
improvisar delante de señoras
y pensar en el verso a todas horas,
intentando hacer música a lo inerte.
Hacer un manifiesto de la suerte,
y ver al segundero en las deshoras
vivir en un zig zag de lavadoras,
y morir a pesar de ser tan fuerte.
Socavar los rincones más oscuros,
tener el alma sin nada de ropa,
con la tinta repleta de conjuros
y la mente llenísima de estopa.
Intentar derribar todos los muros
y beberse a Dios en una copa.
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