Matías
1
El cuarto de paredes blancas y vacías como la inspiración sin experiencia, sólo tiene un sillón rojo, afelpado y confortable; en él está sentado un tímido muchacho caucásico, de pelo negro y peinado hacia atrás, con los dedos de sus manos entrecruzados. Viste un traje negro, una corbata negra con el nudo de ésta bastante pequeño, camisa blanca, zapatos negros. Sobre las piernas tiene el boceto de su primer novela. No sé su edad porque es tímido; no habla conmigo a pesar de que lo estoy creando en este mismo instante, está esperando sin saber por qué espera.
Ha sentido mi presencia, sabe que estoy aquí, desde el otro lado de la hoja dando forma a su vida y a sus pensamientos. Me mira frígidamente. Mi propio personaje está dudando de la existencia de su creador y se sabe capaz de destruirme con sólo dejar de pensar en mí.
Al ver como escribo su destino pone en duda mi capacidad literaria. No lo juzgo, yo mismo lo he hecho con Dios. Si yo fuera compasivo haría de ese triste muchacho un perfecto sinónimo de gloria. Sin embargo quiero condenarlo a ser artista porque los que se consideran artistas son los que menos arte tienen en sus almas y ésta es la mejor venganza que tengo ante alguien que pone en duda mi existencia.
Decido inventarle un nombre y estas ofensas hacen que Matías deje de pensar en mí, cegándome si lo veo. Para la creación es necesario que los dos estemos conectados y él no quiere interactuar más conmigo. He desaparecido para él y por tanto se ha borrado de mi mente.
2
Estoy sentado en el mundo oscuro de las ideas, Matías está junto a mí, callado, a la expectativa. Ilumino mi pensamiento para entablar conversación con él y tomo un lugar en la parte derecha del sofá; el cuarto de paredes blancas se está llenando de relojes detenidos. Comprendo que el joven artista es sólo un recuerdo, porque los recuerdos viven en la atemporal perpetuidad de la memoria.
—Tú eres el infame que me ha creado —me dice Matías—
—Cállate —le respondo desesperado— la creatividad se puede nublar y serías como un boceto, sólo eso, ni siquiera un personaje bien hecho. Debo dejar de lado esta absurda conversación contigo, porque no sublima el instante creativo que eres. Uno debe buscar la sublimación como base para la vida.
Como castigo he cosido su boca con hilo negro, quiero que sea el pensamiento el dicte la trama de esta historia. Seguí viéndolo, había silencio total entre Matías y yo; sus ojos cada segundo eran más profundos, más negros, se parecían más al pensamiento irradiaban luz, pero negra y espesa como el odio mismo.
3
Durante varios días volví con Matías, a todas horas entraba en mi mente para estar con él. Al Séptimo día por primera vez me extendió la mano, cerró mis párpados con sus dedos. Cuando abrí mis ojos caí en cuenta que Matías me encerró en su mundo y todo por darle el suficiente tiempo para entenderme. El entendimiento no es otra cosa que el pensamiento paciente del hombre y Matías al comprenderme pudo hacer que mi destino fuera su voluntad. No puedo referirme a este lugar con otro nombre, porque no encuentro descripción más esencial. Estoy el infierno. Siempre he pensado que cada infierno es distinto según los prejuicios de las personas.
En mi infierno el tiempo no avanza, el presente es perpetuo, la eternidad del instante se logra y cualquier intento por recordar algo es inútil, no puedo crear alusiones de otros tiempos, sólo vivo en el presente; el pensamiento es puro y blanco. Matías me mira sonriente y camina alrededor mío en señal de burla, sabe que ha ganado la partida, supo arrancarme el poder de mi existencia y me ha hecho vivir solamente para él, en el instante eterno que avanza rápido y cruel hacia mi locura.
4
Han pasado varios siglos humanos y el lugar no ha cambiado nada. Durante todo este tiempo Matías ha caminado alrededor de mí, sin hablarme, odiándome en todo momento. Mi vida se ha visto limitada, la memoria es un juego. Pensar es construir el futuro a través del pasado y en este lugar el tiempo no existe. Aquí soy dueño de ideas magníficas destruidas por la ausencia de retentiva. Todo es fatal. Caigo en cuenta que Matías es un recuerdo y me escabullo de él, porque la memoria no existe en este sitio. La llave del paraíso radica en la observación de las circunstancias, en la agilidad de ideas y ahora vuelvo a ser dueño de ese artista cruel, porque lo he descifrado como él me descubrió a mí. Matías ya no camina, no sonríe. Me acerco a él y le extiendo la mano, le doy un abrazo paternal y cariñoso, él lo recibe y cuando confía en mí le quito el boceto de novela que guardaba en la parte de atrás de su pantalón. Merece un castigo y empiezo a quemar la novela que él había escrito. Ahora él está en el infierno.
5
Regreso a conversar con Matías, me ha demostrado ser superior a mí en algunas cosas y por eso es interesante. Al verlo quiero quitarle los hilos con los que hace siglos cosí su boca. Me golpea la mano. Es paciente y se acerca poco a poco a mí, sonríe maliciosamente y estalla en luz negra; de entre el ruido y la lúgubre luminosidad nace una pequeña pluma fuente. Es roja y llena de diminutos relojes que avanzan a distintos ritmos, todos con diferente número de manecillas. Pienso que el usarla es un error, la inteligencia de mi personaje ha sido magnífica hasta el momento, incluso ha superado mi ingenio, mi capacidad creativa y mi propio pensamiento.
Tomo la pluma, es pesada, por instinto y obligación comienzo a escribir con ella sobre las paredes que han vuelto a ser completamente blancas. Aunque no quiera brotan recuerdos míos, los más tristes, los más vergonzosos, el asco mismo surge del bolígrafo, todos mis secretos son vistos por el mundo. La suelto al instante porque quema, pero no la piel sino el alma; un reloj se rompe. Al suceder esto Matías sale de la punta dorada con los labios ya sin ataduras.
—A los personajes debes darles inmortalidad —dice enfatizando cada palabra—. Eres estúpido, pero al hacerme mortal, pusiste en mí la aberración de mi existencia. He peleado contigo para seguir vivo; comprendo que todos hemos de ser ceniza. Hoy puedo perpetuarme en ti siendo tu pluma. Soy parte de tuya. Tu maldición será la sinceridad, quisiste condenarme y soy yo el que te condena. El arte tiene la obligación de ser sincero. Escarbar en el alma sólo deja ganas de seguir escarbando en ella y al final para lo único que sirve es para que otras almas hagan lo mismo que la tuya. Esta pluma tiene relojes porque cada uno representa un pensamiento, cada reloj retrocede y contiene en sí el tiempo que tienes para exclamar la idea que posee, cuando se terminen será tu muerte.
Entonces Matías volvió al bolígrafo y los relojes empezaron a andar más aprisa, fui derrotado, estoy cautivo y soy dependiente de mi propia creación. Pero en mi caso, ¿cuándo será el momento en que pueda a ver a Dios humillado?
