Lo imprescindible es nunca dejar de escribir.

21 agosto 2008

Mujer


Hace unos pocos días, no muchos, leí una frase excelente que habla sobre las mujeres, no es la de Ruben Darío que dice "sin las mujeres la vida es pura prosa", pues, aunque también es cierta y me ayuda a explicar es que sin esas bellas creaciones la vida sería aburrida y no exsistiría el arte, el erotismo y el amor de pareja, es otra, una frase distinta la que me ayuda a explicar lo que quiero decir y es de un escritor irlandes llamado Oscar Wilde y dice así "Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche." Gracias a esto he comprendido muchas cosas, pude comprender al fin la sentencia ya tan conocida por todos nosotros, "las miradas hablan" y no sólo hablan sino que también actúan, viven y son fundamentales para el amor.

Freud, murió con una pregunta sin responder a pesar de 30 años de estudio al cerebro y a las reacciones humanas ¿qué es lo que quieren las mujeres? Yo tampoco tengo idea de que quieren, son unos seres tan extraordinarios como cambiantes y sólo por verlas unos instantes, pienso que la vida vale la pena y que la vista fue creada sólo para observarlas, mirarlas y recordarlas, pero, volviendo al tema de ¿qué es lo quieren? No lo sé, ni lo quiero saber o sería muy aburrido intentar complacerlas.

Las mujeres dan para tanto de qué hablar, para tantos halagos, tantas frases bellas que describan la perfección de su moviento y la astucia inclemente escondida en sus desplantes irreverentes de actitudes cambiantes. Ellas ayudan tanto a los que intentamos escribir, pues basta decir que con tenerlas al lado y que ellas sonrían o lloren o canten o duden o piensen, nos hacen sentir vivos, pues si en algún momento son rosas llorando pétalos debemos cruzarnos de brazos alrededor de ellas y hacerlas sentir protegidas, pero no hay que cambiar de opinión, pues tengamos presente que si en algún momento son un bellísimo colibrí danzante en un festival de agua con azúcar, no debemos alejarnos, sino cruzarnos de brazos alrededor de ellas y hacerles sentir que su felicidad también es la nuestra.

Ay mujeres, las quiero y les digo una cosa nada más gracias por ser lo que son y aquí les dejo un homenaje que les hice hace mucho.

Y es que así son las mujeres,

Ínfimas y gigantes en placeres.

Y es que así son las damiselas,

Colosales flores, pero pequeñas gacelas.

Cómo no amarlas si de ellas nacemos,

vamos creciendo y las conocemos.

Caminan y vuelan, son flor y poesía,

estrellas fugaces que iluminan el día.

Son copos de nieve, ninguna es igual.

Nacen del cielo, del cielo ancestral.

Bajan como nubes, delgadas y puras,

son hermosas, bellas, cuando están desnudas.

Y de ellas nacemos y de ellas bebimos

y en pecadores ingratos nos convertimos,

cuando las vemos desnudas como vinieron al mundo

y es que el placer hermoso también es el más profundo

Cómo no amarlas, si están en todas partes,

en la pureza del niño, en la ciencia y los artes,

en el hielo más helado, en el fulguroso fuego,

en lo que le pido a dios, cuando ruego y ruego.

Que cuando llegan o cuando se van

que cuando se quedan o cuando siempre están.

Cómo no amarlas si he de amarlas por siempre,

las amo completas, en medio de su vientre.

El sol y la luna o el mar y las estrellas

paisajes hermosos, sólo porque existen ellas

y es que así son las mujeres ínfimas y gigantes,

hielos del polo norte o fuegos fulgurantes.

Y ni siquiera, este pequeño homenaje

se iguala a su beso, que para mi es brebaje.

Y es que así son, las bellas damiselas.

Nuestros caminos y nuestras parcelas.

Y es que así es nuestra sórdida vida

atada por siempre a su deliciosa bebida.




Dedicado a mi mamá

1 comentario:

Anónimo dijo...

Sabes que soy tu fan!!!
EScribes precioso!

Un beso