Lo imprescindible es nunca dejar de escribir.
26 octubre 2008
Borracho
Entré, la puerta estaba caída, las botellas cerradas, me he decidido a esperar la melancolía. Soy eterno o al menos soy un esbozo de esto. Han pasado momentos llenos de descorches, sigo aquí, solo, esperando al menos una pequeña línea de luz. El mareo se ha vuelto mi amigo frecuente desde que llegué, empiezo a pensar en un nivel de profundidad banal y quiero hablar de amor. Quiero fumar para decir: "los cigarrillos se han gastado, el humo dejó de contonearse, y dejé de pensar en ti mientras mis dedos tenían una máquina de humo prendida". No me gustan los cigarros, ni tampoco dejar de pensar en ti. Estoy borracho, miro con cara de análisis desde el vaso hasta la luna. Me cuido, susurró a mi sombra que no debemos seguir con golpes esterilizados de fantasía, con imágenes tristes, brindis de campañas para mejorar. Ella llegó y la espera fue recompensada, la melancolía está aquí, con un borracho solitario que no es capaz de fumar por miedo a toser, que toma por miedo a pensar, que muere lentamente por miedo a morir y que vive la peor vida posible, para quejarse de algo. Salgo y la puerta está caída, el espejo quebrado, mi sombra me dejo solo, las botellas están vacías, me he decidido a dejar sola a mi invitada de lujo. Pido morir, pero las escaleras no son tan piadosas como Dios. Estoy tirado antes de llegar al suelo, pero después arribo al piso y quedo ahí con hedor a pobre diablo y soledad de no inventar compañía.
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